-Quitate la capucha y quizas te diga mi nombre.
Lobrego sonrió levemente bajo su capucha. Una brisa de aire levantó su capa levemente.
-No estás en posicion de pedir nada- Dijo el -.
El encapuchado dejó de estarlo. Su faz, blanquecina y maltratada, con aquel brillo azulado propio de alguien tan maldito y atacado por la magia. El hombre quedó aterrado, en ese momento deseaba no estar tan cansado y con las manos atadas, desearia tener una espada de plata en las manos para atravesar a ese espectro y suplicar a toda Deidad Divina existente que acabasen con esa no-vida inmediatamente. Pero no podia, no podia hacer nada, estaba a su merced.
-Dime tu nombre, es la ultima vez que te lo digo.- La voz del no-muerto retumbó en la cabeza del hombre apresado -.
El miedo lo invadió, su mente empezó a corromperse mientras su cuerpo temblaba, aterrado.
-¡ Jamas ! - grito como si su vida le fuese en ello - ¡ Jamas, te digo !
¡ Matame ¡ ¡ Antes la muerte que darle mi nombre a un engendro como tu ! No dejaré que me utilices como quieras...-Empezó a llorar-Matame..por favor...te piedad...
¡ Matame ¡ ¡ Antes la muerte que darle mi nombre a un engendro como tu ! No dejaré que me utilices como quieras...-Empezó a llorar-Matame..por favor...te piedad...
Lobrego paseaba a su alrededor mientras gimoteaba y suplicaba.
Se paró frente a el y lo miró a los ojos. Los ojos de alguien que espera a la muerte, los ojos de un hombre que se ha vuelto cobarde, los ojos de un hombre temeroso por su nombre. A su vez, los ojos de Lobrego no mostraban nada mas que hielo. La Escarcha que corria por su cuerpo inundaba las cuencas de sus ojos, y en su interior, una pupila negra lo observaba todo.
Se paró frente a el y lo miró a los ojos. Los ojos de alguien que espera a la muerte, los ojos de un hombre que se ha vuelto cobarde, los ojos de un hombre temeroso por su nombre. A su vez, los ojos de Lobrego no mostraban nada mas que hielo. La Escarcha que corria por su cuerpo inundaba las cuencas de sus ojos, y en su interior, una pupila negra lo observaba todo.
-Dime humano, ¿ temes a la muerte ?-Dijo dándole la espalda-
-Temo mas por mi nombre y mi alma. La muerte es mas fácil si sabes que esas dos cosas están a salvo.-
-Temo mas por mi nombre y mi alma. La muerte es mas fácil si sabes que esas dos cosas están a salvo.-
Una ráfaga de aire levantó la capa de Lobrego, mostrando una larga funda de espada. La funda negra como los ojos de su dueño, se movió levemente mientras la hoja de hielo y sombra rasgaba el aire al ser blandida. Lóbrego oía al desdichado rezar a sus dioses. Pero no serviría de nada rezar.
-Conde de Gish, hijo de Rálot, que tus dioses se apiaden de ti. Descansa en paz.-Dijo a la vez que se ponia a la derecha del hombre.
El tiempo pareció realentizarse para el Conde mientras veia la hoja maldita alzarse sobre el. El viento arrastraba olor a tierra mojada y lluvia.
Cuando su cabeza rodó entre las hojas del suelo Lóbrego enfundó a Sombra Nívea. Mirando al Conde, alzó su mano derecha y su cuerpo comenzó a arder bajo unas llamas purpuras.
El no-muerto miró hacia el cielo, entre los arboles. Había empezado a llover. Comenzó a caminar, y sus pasos se perdieron en las sombras profundas del bosque.
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