Ella, tumbada en su cama, quedó sorprendida a la par que maravillada. Era justo la reacción que buscaba. Sus ojos brillando, ella sonreía La expresión de la que el estaba enamorado.
- ¿ Enserio ? Vaya, ¡ seria genial tener una ! Para guardar el cantar de los pájaros o el sonido del viento, o el de cuando me cantas por las noches o me lees historias.
Craig sonrío. Le encantaba verla así de feliz.
-Nos se las que podré conseguir...son muy raras. Pero yo quiero encontrar dos.
-¿ Por que dos ?- Dijo ella extrañada.
Craig intentó no perder la sonrisa, pero aun así, ella lo notó.
-¿ Que es lo que te pasa, mi Rey ? Por favor, cuéntamelo.
El, que no podía negarle nada habló:
-Princesa, busco dos de esas conchas, para grabar un mensaje que será para el otro.
-¿ Por que quieres hacer eso ?- Preguntó ella, pero ya sabia la respuesta - Te vas...te vas...y no vas a volver...-Ella comenzó a sollozar - Por favor...por favor mi amor...No te vayas...
-Princesa...tendré que irme. La guerra llega a mi tierra y tengo que defenderla...
Ella se puso de pié y gritó.
- ¡ No ! ¡ Morirás ! ¡ Te perderé y me quedaré sola... !
Y comenzó a llorar desconsoladamente sobre la cama.
Craig, destrozado por verla así, se acerco a ella y la abrazó.
-Pequeña...volveré...te lo juro, por nosotros dos.
-Solo nosotros dos...
-Solo nosotros dos.
-Prométeme lo...
-Te lo prometo. Por todas las historias que te he contado, y las que me faltan por contar. Por nuestro amor.
Y ella lloró.
Un rato después, Craig se cambíó. Se puso su ropa de viaje y se echó el arma al hombro.
-¿ Enserio te tienes que ir ya, mi Rey ? - Dijo ella, desconsolada.
-Si pequeña. Cuanto antes me vaya, antes volveré. Volveré antes de dos lunas. Para traerte mi regalo.
-Y después irás a la guerra...- Lo miró serio, como jamas lo habia echo- Te juro, que si no vuelves de la guerra buscaré a alguien que arrastre tu alma de mentiroso hasta esta habitación.- Dijo mientras se levantaba de la cama- Te lo digo ahora, y te lo diré cuando vuelvas, y antes de marcharte. Te lo diré tres veces.
Y lo abrazó. Tan fuerte como pudo. Tan cerca como sus ropas le dejaban. El la rodeó con sus brazos, mientras le olia el pelo y le deslizaba la nariz por el cuello. Ella lo miró a los ojos y le besó. Como si fuera el primero. Como si fuese el ultimo. Cuando terminaron, el besó su frente y se giró para marcharse, pero antes de salir por la puerta oyó a su espalda:
-Te voy a echar de menos...-
Y el, destrozado, contestó :
-Yo ya te estoy echando de menos. Te quiero pequeña...-
Y en el airé quedó colgado:
-Y yo a ti, mi Rey.
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