Craig se levantó a media noche. Con cuidado de no despertar a su dama, recogió las pocas pertenencias que tenia allí. Rondó por el castillo hasta que llegó a los sótanos. Allí se paró y hablo en voz alta.
-Lo siento mucho mi princesa, pero te mentí. Al despertar yo no estaré aquí así que...prolongaré tu sueño unas semanas, hasta que la guerra acabe. Espero que puedas perdonarme, pero es por un bien mayor. Nuestro bien..
Craig, desolado y lloroso se agachó sobre sus fardos, y de uno de ellos sacó un extraño cristal opaco, de color blanco. Este tenia una extraña forma de corazón. La dejó en el suelo y empezó a murmurar extrañas palabras, arrodillado frente a el. Unos minutos después se levantó y miró a su alrededor.
Funcionaba,
La sala se estaba empezando a llenar de escarcha. Se estaba congelando todo. El artefacto congelaría todo el castillo, sumiendo a sus habitantes en un sueño del que no podrían despertar. Y, con un poco de suerte, no se habrían dado cuenta de nada hasta hacerlo.
-Lo siento mucho pequeña...volveré. Te lo aseguro. Volveré y podremos vivir tranquilos y felices.
Recogió todas sus cosas y se marchó de alli. Lo mas rapido que pudo. Sin mirar atras.
Momentos antes. La princesa despertaba. Se extrañó de que su amado no estuviera en cama, asi que fué a buscarlo. Se puso una manta por encima, y cogió la caracola. Craig le había puesto un cordel para que pudiese llevarla en el cuello.
Buscó en los baños, en las cocinas, en la biblioteca, en la armería Quiso salir a los establos, pero hacia frío y no llevaba ropa de abrigo. Así que fue a la sala del trono.
Allí se sentó en el gran trono. Se acurrucó, y se puso a tararear una cancion que Craig le enseñó. Era una cancion algo soez y burda. Una cancion de pueblo, una cancion que sabian todos los niños de bajo escalafon. A ella le encantaba.
De pronto, sonrío. Sonrío como cuando planeaba alguna tratada de pequeña. Era una sonrisa picarona y divertida.
Sacó la caracola de debajo de su vestido, y susurró junto a ella "elte", y pegó la caracola en su oreja.
Cerró los ojos y escuchó tranquilamente, mientras un agradable sueño empezaba a abrazarla.
La princesa Lillium calló bajo el hechizo y durmió, quedando en el aire las ultimas palabras de su amado.
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